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Sonrisas y lágrimas para olvidar la crisis

El musical es un clásico con teatro y baile, en el que destacan los pequeños actores vigueses
20-07-2012 10:23
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Los integrantes de la compañía durante su actuación de ayer en el musical

Los integrantes de la compañía durante su actuación de ayer en el musical "Sonrisas y lágrimas", en Vigo. // Marta G. Brea

Hay que tomar carrerilla y lanzarse a la piscina. Después de todo, del precio de la entrada, de momento y por poco tiempo, sólo el ocho por ciento se lo llevan los impuestos. Aún. Pero sea al precio que sea, reconozcamos que el arte y el espectáculo cumplen hoy una función casi terapéutica, nos liberan de tensiones y manifestaciones de la vida turbulenta, nos alivian, en fin, de los tiempos que, Bob Dylan cantaba, están cambiando y no siempre a mejor.

"Sonrisas y lágrimas" es un clásico de ese arte curioso que es el musical. Nacido de la opereta decimonónica, todo musical es una combinación apetecible de teatro, música, baile y escenografía maravillosa y colorida. Es un espacio de ensueño, una ventana a mundos lúdicos, felices generalmente (no abunda el drama ni mucho menos la tragedia en el musical "a la Broadway"). ¿Pan y circo? Lo tomo, no importa. No al menos si el circo es de tres pistas, y el pan es de millo cocido en horno de piedra a fuego de leña. Digamos, pues, que un espectáculo como el de ayer puede ser algo bueno porque, sí, nos evadió, y a mucha honra, del mundo real. Y lo hizo cargadas sus alforjas de excelencia.

La primera representación de "Sonrisas y lágrimas" se estrenó el 16 de noviembre de 1959 con música de Richard Rodgers, y letras de Oscar Hammerstein II. Desde entonces ha sido uno de los mayores éxitos de Broadway, y este es el legado que hoy, ayer, (y de hecho hasta el día 22 de Julio) recibimos en Vigo. Ni más ni menos que la versión española y muy siglo XXI de todo un clásico.

Hay que destacar que la idea de la compañía, puesta en práctica desde el estreno de la obra en diciembre, tiene un aliciente: buscar talentos infantiles locales para hacer papeles en la función. Es digna de aplauso. Para la representación en el teatro Novacaixa tres niños del entorno vigués han participado en la función, componiendo los papeles de los hijos del capitán Trapp. Cumplieron, y fueron muy bien arropados, claro, por decorados suntuosos e impactantes, actores principales solventes cuando no excelentes (caso de Silvia Luchetti), planificadas coreografías y un texto que todos conocemos merced a la magnífica película de Robert Wise con Julie Andrews de 1965, ganadora del Oscar por su papel de "María" (el año anterior lo ganaba también por "Mary Poppins", por cierto otro musical que en Broadway es capaz de dejar boquiabierto y "ojiplático" al más descreído€ pero para ello, hay que cruzar el charco, de momento).

Con estos ingredientes se iluminó, ya es conocida, la bella historia basada en hechos reales del amor entre un severo pater familias y una nueva institutriz para sus hijos, familia que en pleno nazismo decide escapar del horror€ cantando. En fin, fueron más de dos horas de diversión y una historia amable por reconocible, para sentir el sonido de la música y olvidar el ruido de la calle. El teatro en pleno lo supo apreciar, al caer el telón, con una entusiasmada ovación y por supuesto, en pie.

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