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Santa Marta vence otra vez a la muerte

La procesión contó este año con tres ofrecidos, que plantaron cara al calor en los féretros, y con numerosos devotos que acudieron descalzos y ataviados con mortajas
30-07-2012 15:23
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Miles de devotos y curiosos asistieron ayer a la procesión de Santa Marta de Ribarteme.  // Ricardo Grobas

Miles de devotos y curiosos asistieron ayer a la procesión de Santa Marta de Ribarteme. // Ricardo Grobas

Rodeada de una nube de fotógrafos y periodistas, Emilia esperaba nerviosa el comienzo de su peregrinaje en el interior de un ataúd, alrededor de la iglesia de su pueblo, Santa Marta de Ribarteme. A su lado estaba su padre que, vestido con una mortaja y con un cirio en la mano, le daba fuerzas. El motivo por el que esta mujer de 33 años se ofreció ayer a la Santa es, precisamente, su progenitor, que tras una larga enfermedad tuvo que ser operado a corazón abierto. Mientras él casi se deja la vida en la mesa del quirófano, en la sala de espera Emilia pedía a su patrona que lo salvara. Santa Marta cumplió entonces, ayer lo hizo Emilia.
Junto al de ella salieron otros dos féretros. Uno de ellos, blanco, diminuto y vacío (como siempre que los "resucitados" son niños), era la ofrenda que unos padres hacían a la santa por salvar la vida de su hijo.
En la última caja mortuoria iba José Ramón, un hombre "muy creyente" que se ofrecía por su hijo de 6 años, que sufre un retraso motor "sin que los médicos den en el clavo con el diagnóstico", cuenta este vecino de Mos.
Además de los devotos que hicieron la romería en los ataúdes, había muchos fieles que también querían agradecerle a Santa Marta su labor de abogada frente a la muerte, haciendo el recorrido descalzos, ataviados con mortajas o cargando cirios y exvotos.
La imagen iba acompañada por la de San Benito y la de la Virgen del Carmen, tras los que peregrinaron los ofrecidos. Entre cánticos acerca de los poderes de curación de la santa, los "romeiros" y otros fieles se concentraban en sus rezos.
Alrededor, los curiosos observaban con improvisados sombreros de periódico. El olor de las costillas de cerdo asadas en las parrillas se mezclaba con el del pulpo, cocido en los gigantes calderos de cobre.
Todo fueron contrastes en el pueblo este 29 de julio. Las emociones y la congoja de los más devotos eran eclipsadas, por momentos, por los gritos de alborozo de niños saltando en hinchables, y el paso regio de la procesión, marcado por tambores que entonaban marchas solemnes, era silenciado por los ritmos latinos utilizados como reclamo en los puestos de las tómbolas.
Frente a la iglesia, se encontraba la escultura de la Virgen (regalo al pueblo de un emigrado a Madrid devoto de Santa Marta) y, a sus pies, se acumulaban ayer ofrendas florales y cientos de cirios encendidos.
La Santa, con su pétrea mirada observaba el puesto en el que, además de figuritas de cerámica con su imagen, se vendían otras de "Hello Kitty" y demás fauna.
Junto a los diferentes acentos gallegos, se podían oír también los de otras comunidades de España, pero también de Portugal, Francia o Reino Unido. Porque, más allá de la devoción, del jolgorio, de la tradición y de la leyenda, en Santa Marta impera el lenguaje del respeto, la universalidad de las emociones y se contagia la esperanza, esa que los ofrecidos se propusieron no perder nunca.

Una romería con gran atractivo
La procesión de mortajas es un acontecimiento que, por sus características, atrae a miles de devotos y visitantes. Además, este año el 29 de julio fue domingo, por lo que la afluencia fue mayor que otros años. Por eso, por el calor que se sabía que iba a hacer y por las limitaciones de espacio de la pequeña iglesia del pueblo, don Alfonso, párroco de la aldea, decidió instalar como novedad una carpa junto a la iglesia desde la que ofició la misa. Es más que probable que esta iniciativa se instaure en Santa Marta. Este año la ONCE decidió dedicar su cupón de ayer a la romería. A través de 5 millones de cupones con una fotografía de la procesión (cuya autoría corresponde a Alfredo Hernández) se dio a conocer la ofrenda a la Santa por toda España. Además, medios nacionales e internacionales acuden año tras año a una romería catalogada por el periódico británico "The Guardian" como "la segunda más rara del mundo".

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