maría villar Dos nocheviejas en menos de un mes. Los cerca de quinientos ciudadanos chinos que viven en Vigo celebraron ayer la conocida como fiesta de la primavera o año nuevo chino: el 4710, el año del dragón, el animal con más poder de su horóscopo al coincidir con su propio símbolo nacional. Del nuevo periodo que afrontan esperan cambios importantes y muy positivos, además, auguran que los niños nacidos bajo este signo "sean los llamados a gobernar y a detentar el poder".
Wang Fei, profesora en prácticas en la Escuela Oficial de Idiomas de Vigo, explica que aunque las fiestas ya arrancaron hace semanas, el cambio oficial del año –siguiendo el calendario lunar– se produjo la medianoche del domingo al lunes, cuando la mayoría de los chinos residentes en Vigo se juntaron con sus parientes y amigos para festejarlo. "Desde varios días antes se preparan platos de comida típicos como ofrecimiento a los dioses y cada ingrediente tiene un significado especial, por ejemplo, el cebollino quiere decir eternidad, el pescado abundancia y la gallina felicidad", comenta.
"Aquí no existe una organización que nos aglutine, así que cada uno lo celebra en su casa; en ciudades como Madrid o Barcelona se festeja mucho", explica Yvonne, dueña de un restaurante en la Alameda. Para ella y para su marido, ambos de Shangay, es un periodo de nostalgia porque, al igual que en la navidad cristiana, "es un momento para estar junto a la familia". Precisamente, Yvonne señala que toda la tradición milenaria de las celebraciones "está resurgiendo muchísimo tras estar prácticamente prohibidas en la revolución maoísta". Ella y su marido se juntarán la semana que viene con otra pareja de amigos "porque ayer fue un día normal al ser laborable", aún así, no faltaron en su plato las bolas de arroz glutinoso, que sirven para desear prosperidad y que los niños crezcan altos y fuertes. "El domingo llamamos a la familia en Shangay y casi no pudimos hablar con ellos porque el ruido de los petardos no nos lo permitía", dice el matrimonio, que explica que la gente sale a la calle hasta una hora antes de las doce de la noche para comenzar a explotarlos. Y si en la tradición española se comen uvas, "en la china son raviolis, para atraer el dinero", matizan.