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Los juegos del hambre: Sugerencias no frustradas (por A. Dopazo)

Está claro que el director Gary Ross ha efectuado su mejor trabajo hasta ahora, y con mucho el más ambicioso
23-04-2012 11:53
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Los Juegos del hambre.

Los Juegos del hambre.

[**½] - Director: Gary Ross. Guión: G. Ross, Billy Ray y Suzanne Collins, basado en el libro de esta última.
Fotografía: Tom Stern. Música: T Bone Burnett y James Newton Howard. Intérpretes: Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Liam Hemsworth, Woody Harrelson, Elizabeth Banks, Lenny Kravitz, Wes Bentley, Toby Jones, Alexander Ludwig, Isabelle Fuhrman, Amandla Sternberg, Stanley Tucci. Nacionalidad: Estados Unidos. Duración: 142 minutos.

Mantiene casi siempre la intensidad de la historia, aunque no puede evitar algunas recaídas fruto de sus más de dos horas de metraje, y es obvio que saca un partido más que aceptable de la primera entrega de la trilogía de novelas de Suzanne Collins, un auténtico best seller norteamericano que se editó en 2008 y que además de haber vendido más de 26 millones de ejemplares solo en Estados Unidos ha permanecido más de 180 semanas consecutivas en la lista de libros con más ventas de The New York Times.

Un fenómeno que, a menor pero muy respetable escala, está reproduciendo la película y que asegura el futuro rodaje de las dos restantes entregas. Está claro que el director Gary Ross, autor de Pleasentville y Seabiscuit, ha efectuado su mejor trabajo hasta ahora, y con mucho el más ambicioso, y ha conectado de lleno con un amplio sector de público joven, el que más se ha movilizado con los textos y con la cinta. Este «thriller» futurista realmente inquietante convoca al espectador a un tortuoso itinerario que conduce por los senderos de la supervivencia y del amor.

Aunque el argumento no es en su aspecto global una novedad, insistiendo en ese amenazador mañana en el que el ser humano se convierte en cobaya de unas cadenas de televisión que tratan de elevar los índices de audiencia al precio que sea, transformando la muerte en un espectáculo, se aborda aquí desde una perspectiva distinta y singular.

No es todo lo sugestivo que debiera, pero tampoco se malogra la ocasión y el fondo dramático se sostiene en pie. Nos mete de lleno en una sociedad dictatorial, en el seno de un país llamado Panem, en el que unos pocos privilegiados viven en el lujo y en la abundancia en tanto que el pueblo sufre todo tipo de carencias y de privaciones. Una división casi medieval que determina, además, que temporalmente se organice un evento, los llamados «Juegos del hambre».