Fin de semana

Braga, la Roma portuguesa

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Vigo - Pontevedra

Con más de dos mil años de historia, la ciudad impresiona con su patrimonio. Solo la urbe acoge más de una treintena de iglesias, además de santuarios cercanos tan emblemáticos como el del Bom Jesús

 

Llega la Semana Santa y la naturaleza despierta del letargo invernal. Los días de descanso que se aproximan aúnan la práctica del turismo con una sentida religiosidad popular. Y si hay un lugar donde las solemnidades pascuales se viven con especial fervor es en Braga, ciudad arzobispal que en esta época tiene como visitantes habituales a miles de gallegos. Considerada la “capital” religiosa del país, tiene dentro de su territorio santuarios tan emblemáticos como el del Bom Jesús, aparte de las más de treinta iglesias que conforman su paisaje urbano.

-La proximidad geográfica es una de las razones que llevan a numerosos turistas galaicos a recalar en la vieja Bracara Augusta para disfrutar de sus muchos atractivos. Propios y extraños se disponen a participar y vivir procesiones como las de la época de Pascua. El día de Jueves Santo se evoca en la catedral la Última Cena de Jesús. Se celebra también la ceremonia del “Lavatorio de los pies” y por la noche una marea de gente invade las calles para asistir a la Procesión das Endoenças que sale de la iglesia de la Misericordia y es famosa por los fogaréus y farricocos con sus matracas. El Viernes Santo sale la procesión del Entierro del Señor, que congrega a una multitud fervorosa. Las calles por donde pasa quedan casi a oscuras, confiriendo a la ciudad y a sus celebraciones pascuales un conmovedor dramatismo.

-El municipio se encuentra en un territorio de impresionante belleza natural que cuenta con el privilegio de ofrecer turismo a lo largo de todo el año, desde el gastronómico al monumental, pasando por el de aire libre, deportivo, religioso o rural.

-La catedral de Braga es la mejor tarjeta de visita para iniciar un recorrido por este territorio tan próximo a Galicia que cuenta con más de dos mil años de historia. Obligado es también un paseo demorado por el casco antiguo –peatonal y pródigo en edificaciones con historia– y la parada en monumentos como los santuarios del Bom Jesús y de Sameiro o el monasterio de Tibães, entre otros. Para subir a Sameiro es aconsejable hacerlo en el funicular de lastre hidráulico, el más antiguo de la península y una auténtica joya del siglo XIX.

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