Grandes viajes

En las entrañas del Monte Athos

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Vigo - Pontevedra

La "Montaña Sagrada" de Grecia es un sueño vacacional para muchos y centro de oración para otros.

EP/Javier Carrión


Un lugar sin carreteras, hoteles, radio o televisión donde la presencia de la mujer está prohibida. Es el Monte Athos, en el norte de Grecia, sueño vacacional para muchos y centro de oración y búsqueda de Dios para otros, los 1.600 monjes que viven allí.

No es fácil llegar a la "Montaña Sagrada" que preside el águila bicéfala de Bizancio. Sus 56 kilómetros de largo por 6-12 de ancho constituyen un imponente obstáculo natural sin vías de comunicación organizadas que le separa de la región griega de Macedonia.

Se necesita una autorización para viajar a este Monte Santo que se llama "diamonitiron" y solo se obtiene una vez que las autoridades religiosas de Tesalonica y las políticas del Gobierno de Macedonia dan el visto bueno. Antes hay que explicar las razones de la visita que nunca pueden ser meramente turísticas.

Sólo diez peregrinos no ortodoxos pueden acceder diariamente y recorrer esta república religiosa durante cuatro jornadas. Los fieles ortodoxos tienen más facilidades y pueden alcanzar el centenar al día. A los monjes se les pide que acojan con hospitalidad al viajero o peregrino y permita ver los tesoros de la Montaña Sagrada.

Comida y cama forman parte de este paquete austero que sirve para ver de cerca la increíble vida de estos "monjes" (literalmente "solitarios, alejados de las mujeres") entregados a la búsqueda de Dios con una expresa renuncia al mundo exterior.
El procedimiento habitual para llegar a Athos es en barco. Los más grandes navegan paralelamente a la costa y trasladan a los turistas que sólo pueden captar imágenes exteriores de estos monasterios.

La panorámica impacta, pues estas auténticas fortalezas que surgieron en los primeros siglos del Imperio Romano de Oriente eran inexpugnables con sus altas torres y así pudieron guardar en su interior no solo la fe religiosa intacta sino un impresionante ramillete de tesoros suntuosos (libros, iconos, manuscritos, frescos, lámparas, piezas de oro macizo, joyas) donados por reyes y emperadores que forman una única y portentosa colección de arte primitivo.

Fuera de estos recintos la riqueza dio paso a otro tipo de vida de retiro, protagonizada por eremitas y ascetas que todavía hoy continúan vagando por los caminos más aislados de la península. Algunos viven incluso en los riscos de sus acantilados.

Himnos a la Madonna

La atmósfera es lúgubre pero mágica. Sólo la tímida luz de cirios y velas deja ver los pálidos rostros de los monjes que participan cantando con energía himnos a la Madonna ("Kyrie Eleison") o besando los iconos de la Virgen, siempre con rostro dulce, o de San Juan Evangelista que presiden la entrada del Katholikon.

Al fondo, un Cristo Pantocrátor es testigo de esta "fiesta del hombre que busca su unión con Dios". En la semioscuridad de las tres naves se palpa la intensidad de la oración.

Es un escenario casi teatral donde los iconos, las lámparas de aceite, los cirios, las cruces que suben y bajan en el templo y el intenso olor a incienso toman también un protagonismo especial entre un ir y venir incesante de los monjes. Uno se siente trasladado a otro lugar fuera del tiempo.

En realidad, a cualquier hora del día se puede asistir a los rezos que siempre entona toda la comunidad. La ceremonia está dirigida por dos monjes que dialogan desde los ángulos de la cruz griega y un tercero ofrece incienso a los iconos primero y a los presentes después.

Este es el oficio religioso público, pero los monjes siguen orando en sus celdas individuales que sólo interrumpen para realizar algunos trabajos agrícolas o para dormir.

Tras la liturgia llega la hora del descanso nocturno –para los invitados, claro- pero un nuevo oficio espera al grupo a las siete de la mañana tras la cual asistimos a la comunión entre lo celeste y lo terrestre. Los rayos solares ya atraviesan los muros del monasterio, pero en la iglesia y en el refectorio, situado justo enfrente del templo, las oraciones y el juego místico de las velas continúan presentes.

Estamos ante la comida principal del día fijada a las diez y media de la mañana (no existe el desayuno como tal), y también guarda su propio ceremonial, dirigido por el abad. Peregrinos primero y monjes entran en el refectorio, buscan su ubicación sin mezclarse y todos en silencio comen mientras un monje lee un texto espiritual desde el púlpito. Patatas cocidas, aceitunas, queso, uvas, alguna legumbre, agua y un vaso de vino forman el menú de los monjes.

Solo en casos excepcionales se degusta pescado y algún postre festivo. La carne casi nunca se consume. El calendario culinario de los monjes tampoco ofrece dudas: lunes, miércoles y viernes (una comida) y martes, jueves, sábado y domingo (dos). Aún así cumplen con la norma de dar de comer al hambriento y reparten al año más de 25.000 almuerzos.

Después de la comida, y una vez superados los trámites aduaneros en el puerto de Dafni (en los últimos tiempos se han producido algunos robos de piezas artísticas que se pretenden evitar) dejo atrás Athos, un mundo realmente diferente donde reinan el misticismo y la oración.

Requisitos de entrada 

1. Se prohíbe la visita y permanencia en el Monte Athos a toda persona de religión no cristiana. Sólo pueden pasar la noche los que pueden dar una prueba de su interés científico, artístico o religioso. Su número diariamente no puede superar las diez (10) personas, de todas las nacionalidades. Bajo estas condiciones, los visitantes tienen la posibilidad de permanecer cuatro días (tres noches). Una vez pasados estos días, el permiso pierde su vigencia.

2. Antes de que un extranjero visite el Monte Athos debe solicitar el permiso de estancia en la Oficina de Peregrinos al Monte Athos (GRAFEIO PROSKYNITON AGIOU OROUS) Calle Egnatia, 109 - Tesalónica tel. (0030) 2310 252 578, fax (0030) 2310 222 424, mandando o presentando una fotocopia del pasaporte o del D.N.I.

3. El acceso está prohibido a las mujeres.

4. Las visitas en grupos u organizadas generalmente no podrán sobrepasar en quince (15) el número de visitantes; dichas visitas no podrán tener lugar sin previo acuerdo con la Santa Autoridad Supervisora en los distintos Monasterios.

5. Es requisito esencial la apariencia decente de los visitantes. Se prohíbe la entrada a jóvenes de pelo largo. El visitante que cause molestias en el interior de los Monasterios será expulsado con la intervención de la policía.

Cómo llegar: Para ir a Ouranopolis desde Tesalónica: terminal central de autobuses: (Para llegar a dicha estación se coge el autobús nº 1 desde la Estación de Trenes c/ Egnatia). Salidas: 6:00, 8:30, 10:30, 11:00, 12:30, 14:30, 16:30, 17:00. Duración: Tres horas aproximadamente.

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