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Los jóvenes de Vigo apuestan por lo natural y por el regreso a las raíces

El proyecto Horta Urbana de la Concellaría de Xuventude despierta el interés de los participantes
14-02-2012 16:29

Miriam Gil (izda.), una de las alumnas, atiende las explicaciones de la monitora Teresa González .  // Jesús de Arcos

Miriam Gil (izda.), una de las alumnas, atiende las explicaciones de la monitora Teresa González . // Jesús de Arcos

El sector se vislumbra lleno de futuro en Galicia y quién sabe si alguno de ellos dentro de un tiempo optará por el campo como medio de vida. Por ahora están realizando el curso de agricultura ecológica dentro del proyecto Horta Urbana financiado por la Concellaría de Xuventude, que ha convertido los jardines de sus instalaciones de la calle López Mora en un surtido huerto en el que crece "un poco de todo", desde hortalizas conocidas como repollo, nabiza, zanahoria o lechuga a otros nombres como rúcula o canónigos, además de plantas aromáticas y cebollas o ajos que ya empiezan a asomar en estas fechas. Impartido por Teresa González, experta en educación ambiental y en cultivos naturales de Trillium Consultores, el curso, eminentemente práctico, se desarrolla a lo largo de sábados alternos con un grado de aceptación que ha llevado incluso a varios de los alumnos a tener su propio huerto comunal en Navia y en Zamáns. Han vuelto los ojos al campo optando por un proceso de producción que respeta el medio ambiente y conserva la fertilidad de la tierra.

En realidad este de 2012 es el segundo proyecto, ya que el primero se realizó desde noviembre de 2010 a octubre de 2011 con dos grupos de 15 personas cada seis meses. A lo largo de este año será trimestral y cuatro los grupos, con clases de cuatro horas los sábados con teoría y práctica, combinados con talleres en función de la climatología. Si llueve y no es posible estar en la huerta, los alumnos asisten a talleres como los programados de cosmética natural, confección de mermeladas o germinados, entre otros.

Donde antes había parterres, ahora hay una primorosa huerta en la que las sucesivas tandas de alumnos han cultivado "de todo, desde patatas hasta sandías y millo corvo", explica la monitora Teresa Sanz. La cosecha se la llevan los jóvenes agricultores a casa, y lo que se confecciona en los talleres, también. Se les entregan semillas y sustrato para que hagan sus semilleros, y la producción es para ellos. El hecho de que las clases sean quincenales permite "que el alumnado observe como crecen las hortalizas, ya que la mayoría de los cursos suelen ser intensivos y de teoría; nosotros queríamos algo eminentemente práctico, con conocimientos, eso sí, pero sabiendo aplicarlos sobre el terreno", refiere esta experta en agricultura ecológica titulada por la Universidad de Barcelona. Los productos son saludables y la preferencia por lo ecológico se afianza cada día más. Prueba de ello es este microclima en miniatura que se ha creado en el casco urbano de la ciudad viguesa. Entrar en la umbría del viejo caserón que alberga la Casa da Xuventude y pasear por los parterres ahora llenos de semillas a punto de brotar es un ejemplo del perfecto equilibrio que se puede alcanzar entre el hombre y la tierra cuando se busca un entendimiento y un respeto mutuo con ella.

Uno de los objetivos de esta Horta Urbana es el fomento y difusión de la agricultura ecológica, así como el fomento de la producción autóctona, que cada año atrae a jóvenes interesados como Miriam Gil, una de las pioneras de la primera tanda de 2010. Además de cultivar, sabe elaborar cosmética natural, conservas, mermeladas y ha tomado conciencia de lo importante que es "saber lo que comemos. Empecé haciendo el curso como alternativa de ocio y ahora veo la agricultura ecológica y todo lo que conlleva como una necesidad", explica.

Siempre pasa, "las personas que vienen hacen amistad –continúa ahora Teresa González– y eso en parte lo propicia el hecho de trabajar juntos manualmente, y la gente a la que le llama la tierra suele ser abierta y cordial a la que le gusta entablar relación y aprender de los demás". La afinidad entre los participantes y el compromiso "por salud, por interés por el medio ambiente y por mantener los campos que están aquí, tan próximos", apunta Miriam, ha llevado a varias jóvenes pioneras a crear su propio huerto comunal en la zona de Navia, entre ellas la propia Miriam Gil. Se trata de un terreno de 500 metros cuadrados cedidos por Cándido y Fina, gestionado por ocho mujeres que en la actualidad tienen sembradas fabaloba (el haba de invierno grande), judías, nabicol, repollo, escarola, rúcula, cebollas, ajos, puerros y espinacas. Son doce bancales de los que estas jóvenes esperan proveerse de cultivo durante todo el año, adecuando la producción al tiempo de cada estación. Son tierras fértiles idóneas para el crecimiento de todo tipo de verduras y hortalizas.

Nuevos hortelanos

Poco a poco la ciudad y su entorno se está llenando de nuevos hortelanos que están aportando savia nueva a la agricultura natural. Al proyecto de Navia se le ha sumado otro huerto comunal en Zamáns, entre cuyos integrantes se encuentran estudiantes de la Universidad viguesa que abogan por la relación entre la salud y la alimentación y por un modelo de desarrollo sostenible. Entre ellos están Aimar y Raquel, que han conseguido un terreno en Zamáns de unos 300 metros que muy pronto van a empezar a cultivar tras haber limpiado la finca de maleza y haber preparado la tierra. "Fuimos preguntando por la zona hasta que dimos con una pequeña finca que el propietario ya no podía cultivar por falta de tiempo. Es un terreno familiar en el que habían plantado toda la vida y le daba pena su estado de abandono, así que nos ha dejado cultivarlo. Ahora vamos a montar los bancales", explica Aimar, navarro de origen que ha incluido en la Horta Urbana de la Casa da Xuventude borraja y alcachofas, "cultivos que aquí no estamos acostumbrados a comer", dice Teresa.

Por ahora son tres los nuevos agricultores del huerto comunal de Zamáns, pero es probable que otros miembros de la clase se incorporen a esta huerta. Ellos tienen claro que el futuro está por ahí. "La gente, y especialmente los jóvenes, está mucho más concienciada, sensibilizada con la relación que existe entre lo que consume y su salud, y por tanto con lo ecológico", expone Miriam Gil.

En los jardines de la Casa da Xuventude todos se afanan por conseguir una pródiga cosecha. Han seguido paso a paso los fundamentos de la agricultura ecológica, desde arrancar las viejas hortensias que había en los maceteros alrededor de la palmera, a aprovechar la materia orgánica para conseguir compost, han hecho semilleros y han plantado un punto verde entre el asfalto gris. Es una pequeña burbuja de oxígeno, el campo en la ciudad, la naturaleza alojada entre edificios que por increíble que parezca en tan pequeño espacio muestra su generosidad. Una urbe con espacios verdes y comestibles, tan apetecibles que incluso más de un viandante se ha llevado para casa. "Alguno hubo que venía con la bolsa de la compra preparada y también los amigos de lo ajeno han arrancado más de una hortaliza", cuenta Miriam, la emprendedora del terruño de Navia comunitario, construido y mantenido entre las personas que, como ella, se han sumergido en esta participativa Horta Urbana que ha encontrado un hueco en la jungla del ladrillo. La vuelta a las raíces está en marcha.

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