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Cinco aromas para no olvidar Ourense

Tres lugares y dos momentos del año impregnan de un olor indeleble varias calles de la ciudad
31-08-2017 20:42
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El olor a humo en el Magosto pone apellido a la ciudad en noviembre. // I.O.

El olor a humo en el Magosto pone apellido a la ciudad en noviembre. // I.O.

Hay aromas con memoria y recuerdos con olores propios. Se trata del fenómeno o efecto Proust: revivir un momento con la ayuda del olfato. Se denomina así en honor a Marcel Proust, escritor parisino que relata en su obra À la recherche du temps perdu ( En busca del tiempo perdido) cómo el olor y el sabor de una magdalena empapada en té lo hacen retrotraerse a sus días de infancia como una máquina del tiempo hacia el pasado.

Una investigación llevada por científicos de la Universidad de Utrecht apoya el pasaje del artista francés: las vivencias asociadas a un olor provocan recuerdos más fuertes que los desencadenados por otros estímulos como la música o incluso las imágenes. Ello se debe a la proximidad espacial que hay en nuestro cerebro entre el bulbo olfatorio -encargado de interpretar los olores- y la amígdala y el hipocampo -regiones de nuestro cerebro que controlan las experiencias emocionales y la memoria-.

Ourense tiene varios lugares y momentos a través de los cuales la ciudad se convierte en un hilo hacia el recuerdo proustiano, dejando huella en el olfato del hoy y en el recuerdo del mañana. Ourense no se olvida gracias al aroma de las garrapiñadas de La Granadina, al despertar del olor a café del tostadero Las Antillas-Campos y a la esencia de la tortilla en la concurrida y comúnmente conocida "zona de los vinos". Pero también se recuerda por el aroma a Magosto del humo y las flores invocando la llegada de los Maios. Ourense se queda grabada en la memoria con la ayuda del olor de tres lugares y dos momentos que impregnan de recuerdos indelebles varias calles de la ciudad.

  • La Granadina. Su aparente aspecto nómada confunde a transeúntes que ven en repetidas citas uno de los puestos más evocadores de la zona empedrada de Auria. Las garrapiñadas, expuestas enfrente de los jardincillos del Padre Feijóo y bajo la atenta mirada de "O Mouchiño", son el perfume de la calle Lamas Carvajal desde tiempos inmemorables.
  • El tostadero. La calle de la Concordia se convierte a la altura del tostadero Las Antillas-Campos en una cafetería improvisada a la que solo le falta el sonido de las cucharillas nadando en el líquido despertador por excelencia. Los viandantes reconocen en el olor a café ourensano que emana el local uno de los puntos más especiales de la ciudad y que mejor resume el ambiente mañanero de Ourense.
  • Zona de los vinos. Las calles Lepanto, Fornos y San Miguel componen el núcleo principal de lo que los ourensanos damos a conocer como la "zona de los vinos": comida durante el día y música durante la noche. Si lo segundo es más complicado de recordar para muchos, no lo es tanto lo primero. El olor a tortilla de estas rúas del casco viejo obligan a todo visitante y local a volver a la ciudad de As Burgas. Ese aroma atrapa el momento y lo graba en la memoria perpetuamente.
  • Castañas en Magosto. El olor a humo colorea el ambiente de un mes de noviembre en la ciudad de hogueras, castañas y Magosto que esculpe en la memoria momentos de la infancia de todos los ourensanos.
  • Os Maios y las flores. Las flores de Os Maios engrandecen todavía más una de las señas principales de la llegada de la primavera a Ourense. La Festa dos Maios pone color y olor a cada comienzo del mes de mayo en la ciudad.
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