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Alejandro Palomas Escritor

“La edad da invisibilidad y libertad”

En su primera novela tras recibir el Nadal, el autor aborda la importancia de perseguir el sueño de nuestra infancia, ese que “da nombre al país” que somos cada uno y que dejamos aparcado por la “sociedad del ruido”

Alejandro Palomas, Premio Nadal en 2018. xavier torres

Tras ganar el Premio Nadal en 2018, Alejandro Palomas publica una nueva novela, “Un país con tu nombre “ (Destino), donde abandona el universo de Amalia y nos sumerge en un cuento balsámico en una aldea apartada de la sociedad del ruido (parecida a la que el autor habita en Navarra), el lugar adecuado para encontrarse con uno mismo y sus sueños. Allí viven una mujer viuda de 76 años rodeada de once gatos y un veterinario de casi 60 que cuida a Susi, una elefanta deprimida con una historia similar a la que habita en el zoo de Barcelona y que el escritor se ha propuesto rescatar.

– ¿Le ha supuesto presión añadida escribir una nueva obra tras recibir el Premio Nadal?

– En mi caso no, pero te diré el porqué. Han pasado tres años del Nadal y parece que han sido treinta porque con la pandemia mentalmente estoy lejos de 2018. He tenido la sensación de como si empezara a escribir de cero. También ha habido una aditivo importante, que ha sido la muerte de mis padres, he pasado por tantas emociones tan fuertes que han desparecido unas presiones y han aparecido otras. Salir huérfano de la pandemia ha cambiado mi vida o al menos la visión de ciertas cosas, relativizas más.

– ¿Cómo han influido esas duras circunstancias personales que ha sufrido durante la pandemia en el resultado final de la obra?

– Tenía miedo de que esa intensidad de pérdidas, ausencias y orfandad se me hubieran colado en la novela y curiosamente ha sido al contrario. Creo que es la más luminosa que tengo. Supongo que necesitaba crear algo que contrarrestara lo que me estaba pasando. A medida que iba cuidando a mi madre y ella iba muriendo, entendí que tenía que ir incorporando la magia a la historia, y cuando digo magia me refiero a cosas cotidianas a las que damos la espalda y mejoran nuestra percepción de la vida: las cosas más sensoriales, las señales que a veces pasan por nosotros y ni siquiera le hacemos caso, esa lectura un poco más mágica de la realidad. Durante esta época tanto a mi padre como a mi madre y a mi familia ha habido momentos en que esa lectura mágica nos ha salvado. Si tuviera que definir esta novela la definiría como muy balsámica.

– Sostiene que cada uno de nosotros somos un país sin nombre, ¿qué es lo que nos lo da: tener un sueño y perseguirlo?

– Cuando somos niños nos preguntan “tú qué quieres ser de mayor”; si respondes, por ejemplo, que pirata de naves espaciales, el adulto te dice que eso es imposible. y nos quedamos con eso. Nuestro primer nombre es nuestro primer sueño de niño pequeño, que olvidamos y enterramos a medida que nos vamos haciendo adultos hasta que llega un momento en que una edad ese sueño vuelve a aparecer. Hay algunos a los que nos reaparece y decidimos hacerle caso y otros no.

– Vivir sin querer saber es más cómodo y aporta la felicidad, según sostiene uno de los personajes.

– Es como vive la mayor parte de la gente porque estamos en un entorno específicamente creado para eso: la sociedad del ruido nos impide escucharnos y oír lo que somos y lo que realmente nos importa.

"Vivir apartado, en una aldea, te permite encontrar el niño que fuiste. Es un trabajo de desaprender y llegar al camino más puro, a la individualidad cruda"

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– Llama la atención la edad de tus protagonistas, Edith 76 y Jon casi 60, ¿qué ocurre a esas edades que no pueda suceder en otras?

– Ocurre la invisibilidad, algo que siempre he buscado -y curiosamente aquí estoy, dando entrevistas-. Mi sueño surge cuando me aparto de los focos y vivo en la aldea parecida a la que describo en la novela. Busco no estar. Las edades de los protagonista aparecen muy poco en cine y novelas porque parece que ya te pasó lo que te tenía que pasar y nada nuevo puede ocurrir. Para mí la invisibilidad es una bendición, cuando no te miran puedes hacer lo que quieras porque no te van a ver. Y eso te hace libre para manejarte cómo eres.

– ¿Y la aldea abandonada representa un lugar donde reencontrarse con la niñez?

– Volver a la niñez es una consecuencia de vivir apartado y encontrare a ti mismo, que en realidad es encontrar al niño, el camino más puro. Es un trabajo de desaprender, desadulterarte y llegar a una individualidad más cruda y pura.

– Otro personaje protagonista es Susi, la elefanta que vive deprimida en el zoo, que existe en la realidad y vive en Barcelona, ¿fue ella la que te inspiró la historia?

– En un principio tenía tres personajes: la elefante Susi, la niña Suzume, y el veterinario Jon. Luego empezó a llegar más gente. Conocía el caso de Susi a través de Alejandra García, una mujer que tiene en Argentina un santuario de caballos y que luchó durante años para que sacaran del zoo a Susi, que vive con dos compañeras en el centro de Barcelona y todo el mundo da espaldas a su realidad. La fui a ver, me vio y pensé “yo a esta elefanta la tengo que sacar de aquí”. Hablaban de trasladar a las tres elefantas a un santuario al sur de Francia pero eso no da sucedido.

– La novela va de cumplir sueños y más bien de preguntarse cuál es el nuestro, de hecho esa es la pregunta que según dice en la novela te hace un verdadero amigo. No soy su amiga, pero permítame preguntarle cuál es el suyo.

– Hasta que mi madre murió, mi sueño era morir antes que ella para no pasar por el duelo y la tristeza tan honda que estoy pasando. Pero una semana y media antes de morir, sucedió una cosa muy típica de mi madre: me legó un sueño. Yo había estado en el zoo visitando a Susi y volví muy tocado, así que por la noche se lo conté y ella me dijo: “Tienes que sacarla de ahí, prométemelo”. Y ahí heredé un sueño, ella me estaba diciendo que el sueño que tenía con ella no lo iba a conseguir, pero ella me dejaría otro. Con lo cual mi sueño ahora es sacar a Susi y sus dos compañeras.

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