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MUJERES FUERA DE SERIE

Carmen Losada, la educadora siempre en allegro

Pianista y filóloga, ideó en los años 90 unos novedosos conciertos didácticos que potenciaron una nueva forma de enseñar música | La ourensana es una de las grandes expertas en mujeres pianistas y ha sacado a la luz la historia de las pioneras viguesas

Carmen Losada, junto al piano en su casa de Teis. | // PABLO HERNÁNDEZ

Carmen es una mujer inquieta y curiosa, siempre con algún nuevo proyecto rondándole en la cabeza. Adora el movimiento, el ritmo; es en el dinamismo donde encuentra su armonía. En el momento en el que realizamos la entrevista está convaleciente tras sufrir una caída y tiene que permanecer un tiempo sin posar la pierna. Le cuesta aguantar este momento de adagio en su pentagrama vital. Eso sí, le ayudan las vistas hermosísimas de la ría de Vigo que tiene desde la terraza de su casa, en Teis.

Carmen Losada (Ourense, 1959) es pianista y profesora de música. Ella fue la creadora en los años 90 de una serie de conciertos didácticos que fueron pioneros en vincular la música clásica con el teatro y que lograron despertar el interés por este arte en cientos de niños gallegos.

Losada es además una de las principales expertas en mujeres pianistas del siglo XIX. Sus investigaciones, centradas especialmente en las músicas viguesas, han sacado a la luz historias totalmente desconocidas y repletas de valor.

  • ¿Quién soy?

    “Una mujer inquieta, con una curiosidad innata que apunta a muy distintos ámbitos, no solo musicales”

El talento de esta ourensana para la música lo descubrió una de las monjas que le daba clase en Carmelitas. “Su forma de enseñar jugando me atrapó desde el principio”, recuerda Losada, que describe cómo aprendían las notas musicales en un pentagrama de madera en el que iban colocando las fichas.

En aquel momento el piano era el instrumento casi obligado para una niña que quería estudiar música; no había más alternativas. A Carmen sus padres le compraron un piano cuando tenía 13 años - que es el que aún conserva y toca en su casa- y a base de horas de horas de estudio consiguió aprobar cada curso de la carrera musical, primero en Santiago y después en Madrid, ya que en Galicia no había conservatorio superior en esos momentos.

“Soy hija única, así que para mis padres fue duro que me mudara a Madrid con solo 16 años. Vivía en un colegio mayor y sufrían cuando no cogía el teléfono inmediatamente… ¡Imagina el día del golpe de estado!”, cuenta la docente.

Carmen Losada

En Madrid, Carmen compaginó las clases en el conservatorio con la carrera de Filología Francesa y descubrió una ciudad repleta de oportunidades para una apasionada de la música como ella. “Íbamos a muchos conciertos de todo tipo de música, a la ópera, descubrí grupos experimentales... Para mí, que venía de Ourense, donde apenas había movimiento en este sentido, fue un soplo de aire fresco que me motivaba muchísimo”, recuerda.

Las ansias de hacer cosas diferentes de esta ourensana no casaban bien con la exigencia de estar horas estudiando una misma pieza musical, por lo que pronto descartó trabajar como pianista profesional. “Me di cuenta de que la docencia me permitiría compaginar proyectos diferentes y por eso estudié también pedagogía musical”, justifica.

Al terminar las carreras, y tras un tiempo impartiendo clases en el conservatorio de Aranjuez, Losada preparó oposiciones para Secundaria y consiguió plaza en Vigo, ciudad de la que era su pareja (que luego se convertiría en su marido), Pascual, que también es docente. “No me arrepiento en absoluto de aquella decisión; he disfrutado muchísimo con los adolescentes y lo sigo haciendo”, asegura Carmen.

"Muchos niños llegaban a secundaria sin haber escuchado música clásica en directo y decidimos cambiarlo”

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Desde esos primeros contactos que tuvo con los alumnos adolescentes, Carmen percibió que la mayoría llegaba a esas edades sin apenas haber escuchado música en directo. “Mi meta, como maestra, no era formar músicos profesionales, que para eso están los conservatorios, sino formar un público entendido en todo tipo de música; ofrecer a los chavales una cultura musical que les permitiera disfrutar de este arte y no solo hacerles estudiar teoría e historia, que es lo que se estilaba entonces”, argumenta. Para conseguirlo, se dio cuenta de que había que empezar a formarles antes y de este modo se le ocurrió crear una serie de conciertos didácticos que despertara la curiosidad del alumnado desde los primeros cursos.

Carmen reunió a un grupo de profesores con sus mismas inquietudes y crearon un atractivo proyecto que presentaron a responsables del que entonces era Caixavigo -hoy Abanca- que recibieron la idea con los brazos abiertos, ya que en esos momentos no existía nada parecido. 

Durante 15 años, miles de niños pasaron por los conciertos escolares organizados por Carmen, con el apoyo de Juan Carlos Díaz y Paco Barreiro, que con su entusiasmo lograban vincular al proyecto a las más variadas orquestas y grupos de baile y teatro. “Es muy distinto hablar a los niños en el aula sobre instrumentos que llevarles a un teatro y mostrarles cómo suenan, que se lo pasen bien, ofrecerles una experiencia llena de humor... Fue muy divertido y satisfactorio; recorrimos teatros de toda Galicia y conseguimos que muchos niños vieran la música de una manera diferente”, describe Losada.

Instituto Español de Enseñanza Secundaria Severo Ochoa de Tánger

Carmen ha sido durante 35 años profesora en el IES República Oriental do Uruguai, en Vigo, pero su espíritu aventurero le impulsó a buscar la forma de impartir clases en otros países. Con la mirada siempre atenta a las plazas de los colegios de Acción Española en el Exterior, consiguió en 2013 una comisión de servicios para trabajar en el Instituto Español de Enseñanza Secundaria Severo Ochoa de Tánger y en estos momentos tiene su plaza durante seis años (lleva ya cuatro) en el IE Giner de los Ríos de Lisboa. “Tenía claro que antes de jubilarme quería cambiar de aires y la experiencia está siendo fantástica”, asegura. En Tánger -y espera que próximamente pueda hacerlo también en Lisboa -Carmen organizó conciertos didácticos a pequeña escala y con músicos gallegos; una forma de compartir ambas culturas y crear nuevos vínculos.

Carmen destaca que el apoyo incondicional de su marido ha sido esencial para que ella haya podido desarrollar sus proyectos. “Siempre nos hemos apoyado en todo y él ha tenido exactamente el mismo peso que yo en la crianza de nuestros dos hijos; si no hubiera sido así, yo no podría ni haberme planteado estas metas profesionales”, considera.

Pero junto a la didáctica, hay otra faceta en la que Carmen ha volcado su pasión: la investigación.

Carmen es una experta en mujeres pianistas viguesas de finales del siglo XIX hasta 1936, tema al que dedicó su tesis doctoral. Entre ellas, destaca la figura de Sofía Novoa Ortiz, de la que publicó recientemente una completa biografía, editada por el Instituto de Estudos Vigueses. “La investigación ha sido un proceso largo pero apasionante y repleto de sorpresas”, advierte Losada. Comenzó su búsqueda de esas primeras mujeres pianistas viguesas -al principio se planteó que fueran gallegas, pero resultaba inabarcable- en las páginas de FARO, descubriendo pistas página a página en la hemeroteca. “Primero solo podía dedicar un mes al año a esta tarea y a reunirme con familiares y herederos, pero al volver de Tánger decidí centrarme más en ello”, apunta.

Carmen Losada en Lisboa

La investigación de Losada incluye un análisis del contexto musical en el que se desarrolló la actividad pública y privada de estas mujeres pianistas, documentando la reconstrucción de la vida musical en la ciudad en sus diversas facetas. Esta parte de la tesis está pendiente de ser publicada.

Carmen está deseosa de volver a las aulas en el instituto de Lisboa, ciudad que le ha cautivado. En los tiempos duros del confinamiento, la docente desarrolló originales materiales para que sus alumnos siguieran disfrutando de la música. “La tecnología ha sido nuestra salvación porque es realmente complicado dar clases cuando ni siquiera nos permitían acceder al aula de música y los alumnos están con mascarilla”, explica. Ríe al recordar qué diferentes eran las clases en sus primeros años como docente: “Grababa en cintas cassete los discos de vinilo y los chavales se las iban pasando”, cuenta. Era lo que tenía a su alcance para que, por lo menos, la música sonara en las aulas.

Carmen defiende la importancia de su asignatura, que en los nuevos planes de estudio desaparece de los cursos superiores. “Dicen que la música es una maría y estoy de acuerdo: no pretendemos que sea una asignatura difícil, pero eso no significa que no sea importante. La música es un extraordinario vehículo socializador y logra que las clases se cohesionen y sean verdaderamente un grupo”, opina.

Y uno se queda pensando que ojalá hubiera tenido una profesora de música con esa capacidad de ilusionar y ese ritmo de allegro que luce Carmen Losada. 

Las pioneras: sofía novoa, la pianista exiliada

Foto de la portada del libro 'Sofía Novoa Ortiz. Pianista, pedagoga y exiliada de Carmen Losada Gallego'

Foto de la portada del libro 'Sofía Novoa Ortiz. Pianista, pedagoga y exiliada de Carmen Losada Gallego' Instituto de Estudios Vigueses, 2020

Sofía Novoa (Vigo, 1902-Madrid, 1987) se tituló en solfeo, armonía y piano en Madrid en 1925, con premio extraordinario. Luego, amplió sus estudios en Lisboa y obtuvo una beca JAE en París que no pudo disfrutar por el estallido de la Guerra Civil. Su padre, Joaquín Novoa Barros, era gerente de una consignataria viguesa y presidente de la Conjunción Republicano-Socialista de Vigo, por lo que Sofía recibió una educación abierta y adelantada.

La viguesa pasaba largas temporadas en la Residencia de Señoritas, relacionándose con los ilustres vecinos de la Residencia de Estudiantes como Dalí, Buñuel o Lorca.

Sofía Novoa era defensora de incorporar la música a todos los estudios.

En 1937, se vio obligada a exiliarse a Estados Unidos, donde se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Columbia. Allí alcanzó el grado de Professor (catedrática) y directora del Departamento de Español, hasta su jubilación, en 1967. 

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