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Los nostálgicos del ferrocarril

Entusiastas gallegos del tren relatan cómo viven su afición en la actualidad, entre viajes, paseos por las inmediaciones de las vías, maquetas, fotografías y conocimiento de la historia y tecnología asociada a este medio de transporte y socialización cuyo uso defienden

Miembros de la Asociación Viguesa de Amigos do Ferrocarril Marta G. Brea

“Viajar en tren antes era una manera de hacer relaciones sociales, ibas enfrentado en los departamentos, la gente llevaba comida en el vagón y la compartía, hacías amistades. Disfrutabas del viaje y de los paisajes. Era un medio de comunicación y transporte. Ahora solo es de transporte, cuanto más rápido vaya y antes llegues a destino, mejor”. Así explica Manuel Gil, médico jubilado de Vigo y apasionado al ferrocarril, la transformación que ha sufrido el tren en las últimas cuatro décadas. Su colega de profesión y pasión Juan Gayoso alude a los ambientes que rodeaban al viaje, desde que entrabas en una estación repleta de gente “hasta las charlas que se prolongaban en los vagones restaurantes incluso cuando cerraba el servicio y los pasajeros continuaban la velada conversando o canturreando”.

Miembros de la Asociación Viguesa de Amigos del Ferrocarril en Redondela Marta G. Brea

Son dos de los veteranos de la Asociación Viguesa de Amigos del Ferrocarril e Tranvías Rías Baixas, una entidad con local en la estación de trenes de Redondela que aglutina a 60 personas que comparten pasión por el universo ferroviario, algo que incluye múltiples prácticas: desde el modelismo que recrea a escala trenes, locomotoras, estaciones, vías, pueblos y circuitos eléctricos hasta paseos por el entorno de las vías para descubrir paisajes inéditos a los ojos de la mayoría de los mortales, pasando por fotografía y vídeo, conocimiento de la geografía, de la historia y tecnología del tren, y por supuesto, viajes turísticos en máquinas míticas.

"Estoy en contra del AVE porque está incomunicando muchos pueblos"

David Fervenza 23 años, Redondela

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David Fervenza ante una de las maquetas ferroviarias de la Asociación Viguesa de amigos del ferrocarril Marta G. Brea

No todos los aficionados peinan canas y añoran los mismos viajes vividos en su juventud. David Fervenza, de 23 años, uno de los más jóvenes de la asociación, también apuesta decididamente por el tren como medio de transporte y denuncia la incomunicación que están sufriendo muchas poblaciones en la actualidad por la apuesta por la alta velocidad y el abandono de líneas de cercanías.

Relaciones de idilio

El inicio del idilio con el tren y la manera en que viven su afición tiene muchos elementos comunes en cada uno de estos defensores de este medio de transporte. El presidente de la asociación, Juan Gayoso, médico coruñés afincado en Vigo, comenta que “desde pequeño me llamaba la atención sobre todo en Navidad las instalaciones que ponían en los comercios, además viajaba en tren a Lugo porque mi padre era de allí”. Después vino la época universitaria y sus viajes entre A Coruña y Santiago en el mítico ferrobús, que tardaba casi hora y media en completar el trayecto en la década de los 70. “Prefería el tren al bus, aunque tardara más, así que en ocasiones esperaba en la estación al expreso a Madrid”, recuerda.

"Antes en el tren socializabas, era un medio de comunicación y transporte. hoy solo es de transporte"

Manuel Gil - 68 años, Vigo

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Manuel Gil en el viaducto Manuel Gil, en la provincia de Zamora Cedida

A Manuel Gil la pasión le vino por el lugar en que nació y se crío: en el barrio ferroviario de San Lorenzo, en Vigo, donde vivían maquinistas, fogoneros y estaba ubicado el depósito de locomotoras. “De niño tenía que cruzar toda la playa de vías donde hacían maniobras”, en el lugar donde ahora empieza el centro comercial Vialia. También le gustaban los trenes eléctricos y se conformaba con los de cuerda hasta que a los diez años le regalaron uno traído de Alemania por una vecina que trabajaba en ese país por encargo de sus padres. “Era una locomotora diesel con tres vagones de pasajeros metálicos y daba vueltas a un circuito. Me pasaba horas entretenido solo mirándolo”, dice. Ahora tiene “demasiadas” maquetas, tantas que “hace años que no veo alguna”. Su pieza más preciada es una locomotora estadounidense Challenger, la segunda más grande después de la Big Boy -según apunta. “Medirá unos 42 centímetros, está hecha a escala HO y es el doble de grande que las demás, la real mide mas de cuarenta metros”.

Además del modelismo, otras de sus pasiones ferroviarias son “pasear por los aledaños de las vías del tren tradicional -no del rápido, que están valladas-porque vas por zonas y paisajes muy bonitos que no ves por carretera”. Documenta esos paseos en fotos y vídeos de lugares, vías, viaductos, trenes,... con lo cual posee un valioso archivo de máquinas. obras e instalaciones ya desaparecidas.

"En los diez años que llevo haciendo fotos para el recuerdo, ya tengo algunas irrepetibles"

Pablo Martínez - 26 años, Pontevedra

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Pablo Martínez - 26 años, Pontevedra Cedida

Lo mismo le ocurre a Pablo Martínez, ingeniero forestal de Pontevedra de 26 años y secretario de la asociación, para el cual su primer tren fue el diésel de finales de los 90. “En los diez años que llevo haciendo fotos para el recuerdo de estaciones, circulación de mercancías, apeaderos, locomotoras, automotoras y trenes ya tengo muchas irrepetibles”, dice. Es el caso de la estación de Chapela y de los vagones repletos de bloques de granito, que “hasta la crisis de 2013 pasaban con frecuencia y ahora ya no circulan”, explica.

En su primera infancia, este joven pontevedrés asistió a una guardería con vistas a la vía del tren. Más tarde, ya en el instituto, se topó con un profesor de tecnología, Manuel Lorenzo, apasionado del ferrocarril que le llevó a ver sus maquetas - que actualmente ocupan toda la planta baja de su vivienda- y a la asociación de amigos del ferrocarril. “Desde entonces me cambió la vida”, dice este aficionado a realizar maquetas y fotografías ferroviarias. 

Vehículo de mantenimiento Marta G. Brea

José Ángel Reyes, pontevedrés de 42 años, representa otra generación de amigos del ferrocarril, la que vivió los últimos años del ferrobús -en el que viajaba con su padre a Arcade, su pueblo de origen- y de los expresos y los comienzos de los trenes más modernos como el Talgo o los Intercity.

“Mi padre era marino, trabajaba en la Transmediterránea en buques de pasaje y mi madre y yo en vacaciones íbamos a verlo donde paraba, en Valencia o Alicante. Viajábamos a Madrid en el Rías Bajas y de ahí cogíamos un tren rápido Intercity"

José Ángel Reyes - 42 años, Pontevedra

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José Ángel Reyes, a la izquierda Marta G. Brea

Aficionado al modelismo -hacía maquetas de aviones- y a la fotografía, se topó con la asociación de amigos del ferrocarril a través de un reportaje en la TVG en el que aparecía Juan Gayoso. Y quedó atrapado en el mundo de los nostálgicos del ferrocarril, se pasó al modelismo terrestre y ejerció durante diez años como secretario de la entidad. En la actualidad colabora con la revista madrileña Maquetren, con artículos sobre el tren real -no a escala- y se interesa por los aspectos más históricos, en consonancia con su formación (es licenciado en Historia) y su trabajo en el archivo de la Deputación Provincial.

"Antes en el tren socializabas, era un medio de comunicación y transporte. hoy solo es de transporte"

Manuel Gil - 68 años, Vigo

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“Nací con los camellos, los trenes 592 que iban a Oporto”, comenta David Fervenza, redondelano de 23 años que guarda entre los recuerdos de infancia las visitas con su abuelo a la estación de su pueblo natal, su primer viaje a Vigo desde el apeadero redondelano de A Picota, a bordo de un 592, y el más largo de su infancia, de la ciudad olívica a A Coruña, ya en un 598. El más joven del grupo está realizando una maqueta de la estación de Redondela y otra del viaducto que cruza su pueblo, por donde ahora pasa el tren regional. “Estoy en contra del AVE porque creo que está incomunicando muchos pueblos. Desde Redondela no podré ir a Ourense y volver en el mismo día, tendré que hacer transbordo en Santiago. Tampoco podré ir en tren a Salvaterra, Arbo o As Neves, pueblos que se están quedando aislados”, comenta.

Imagen de un automotor TRD a escala Marta G. Brea

Y es que la llegada de la alta velocidad no es bien vista en general para los amantes del tren, no porque estén en contra de ella, sino por lo que pueda suponer de desaparición de los servicios de cercanías. “A Renfe se le llena la boca diciendo que el tren es deficitario y si ves los horarios entre Redondela y Arbo, por ejemplo, son imposibles: te hacen volver de madrugada. Con la excusa de la pandemia nos sacaron el tren que iba a Barcelona de noche, lo reformaron para hacer AVEs, cuando no lo son, son trenes reciclados que llevaban funcionando desde 2007”, denuncia David Fervenza.

"Las cenas en los coches restaurante de los expresos acababan en largas charlas y canturreo"

Juan Gayoso - 67 años, A Coruña

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Juan Gayoso en la sede de AVAFT Marta G. Brea

Estos defensores del ferrocarril -tanto los más veteranos como los más jóvenes- han ido viendo como desaparecían servicios de cercanías -“El ferrocarril Vigo-Baiona, que funcionó durante años y se extendió a Gondomar, se sacrificó en aras del progreso”, pone como ejemplo Juan Gayoso- y se han reducido los de larga distancia -como el que une Galicia con Bilbao y Hendaya-.

Trenes pasados

Y no solo dejaron de funcionar líneas, estaciones y apeaderos, sino también trenes míticos de los que guardan buenos recuerdos y que señalan como sus favoritos. Para Manuel Gil, su preferido es el ferrobús, en el que se pasó años yendo y viviendo de Vigo a Santiago cuando estudiaba Medicina, trayecto que tardaba dos horas y media. “Era tipo autobús, con los asientos corridos, en un lado dos y en otro tres. A veces íbamos como sardinas en lata, incluso de pie. Cuando me tocaba el  Ter o el omnibús, máquinas grandes con vagones convencionales, era mejor, pero el tamaño pequeño del ferrobús, esa cercanía a las vías y el puesto diáfano del maquinista, al que veías a través de la ventanilla, lo hacía más asequible”.

"Mi favorito era el ‘SHangai’, el que iba de Vigo a barcelona en los 80 y tardaba 14 horas"

José Ángel Reyes - 42 años, Pontevedra

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José Ángel Reyes en el Museo de Monforte Cedida

Juan Gayoso se queda con “los de mi época, los expresos como el Rías Altas en que iba de A Coruña a Madrid (el que salía de Vigo era el Rías Baixas), el Ter, uno de los automotores modernos que más me gustan y en el que hice viajes de Coruña a Alsasua que me llevaban todo el día”. Para José Ángel Reyes, el tren en mayúscula es el Shangai, apelativo que se le daba al expreso que unía Vigo con Barcelona en los 80 y 90 por las 14 horas que tardaba en llegar a destino. “Tenía literas y camas, era otra forma de viajar”, comenta.

Los coches-cama comenzaron a desaparecer en los 90 con la aparición de Talgo, que al principio sí incluía este servicio. Este modelo de tren, aunque supuso la desaparición de los coches clásicos con pasillos laterales y cabinas, son un ejemplo de “ingenio español que se ha exportado a países como Alemania, que se inspira en el Talgo para sus trenes de alta velocidad”, dice Juan Gayoso.

En esa lista de trenes añorados también incluyen al Celta, nombre con el que bautizaron al que unía Vigo con Oporto “en cuanto dejó de parar en Redondela para reducir el tiempo de viaje”. En esa conexión a Por tugal, los más veteranos recuerdan haber visto varios modelos, desde el “foguete” al actual, y esperan que una operadora se haga con este servicio. Lo que sí miran con envidia es el ajetreo ferroviario que se vive al otro lado del Miño. “De Valença a Viana hay pueblitos con la mitad de población que Chapela y en los apeaderos sube y baja gente. En cambio aquí un ocasión hace cinco años me subí en A Portela, una estación donde solo paran dos trenes, y el revisor me abrazó diciendo ¡existen!”, comenta Manuel Gil.

El breve Galaico Expreso

El “Orient Express” gallego funcionó como reclamo turístico durante una década Si algo añoran

Si algo añoran los entusiastas del tren es el modo en que se viajaba antaño en ferrocarril, donde más que un desplazamiento a un destino lo que se vivía era una experiencia turística que permitía socializar con los pasajeros, contemplar el paisaje, disfrutar de la comida en el vagón restaurante y pernoctar en los coches cama. En Galicia el intento más reciente por revivir ese concepto de viaje fue el Galaico Expreso, reconstruido en el año 2000 en el Museo de Monforte por la Fundación de Ferrocarriles de Galicia con una locomotora convencional de 1953 y vagones de diferentes épocas.

Detalle de la maqueta de AVAFT Marta G. Brea

Esa especie de Orient Express gallego, que funcionó hasta hace diez años haciendo viajes puntuales durante eventos como la Volvo Ocean Race o alquilado por operadores ingleses para turismo, esta inactivo desde hace diez años por cuestiones de seguridad y limitaciones. Los integrantes de la Asociación Viguesa de Amigos del Ferrocarril recuerdan con añoranza el viaje que hicieron en él de Monforte a Asturias durante un fin de semana. Esta asociación, fundada en 1980 en Pontevedra, cambió de nombre cuando trasladó su sede a Vigo en 1988. Su logotipo incluye una imagen de la locomotora SAR, la primera que circuló en Galicia en 1873 uniendo Santiago con Cornes, en Vilagarcía de Arousa.

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