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El poder de la tecnología para frenar el cambio climático

A mediados de siglo, el Ártico se ha convertido en un océano libre de hielo en verano. Especies como el oso polar, las focas y las morsas, se encuentran en un estado crítico de conservación o se han extinguido. El incremento del nivel del mar ha superado los 80 centímetros. Muchas ciudades costeras se han inundado o han desaparecido. La producción de alimentos se ha reducido debido al crecimiento de la población y a la destrucción de ecosistemas agrícolas y, consecuentemente, hay mayores tasas de desnutrición y hambre. El planeta sufre olas de calor sin precedentes en muchas regiones, especialmente en los trópicos, además de graves sequías y escasez de agua. Ha aumentado la intensidad de los ciclones tropicales, y la diversidad biológica se ha perdido de forma irreversible.

Este relato distópico es exactamente lo que ocurrirá en nuestro planeta, al ritmo actual de aumento del calentamiento global, según el último informe de expertos de la ONU sobre el Cambio Climático (IPCC). Actualmente las consecuencias son ya muy perceptibles; en solo 50 años la humanidad ha conseguido desestabilizar completamente al planeta y sacarlo del estado en el que ha estado en los últimos 10.000 años. Hemos terminado con el 68% de la fauna salvaje; el área cubierta por hielo se ha reducido en un 50%; y cada año, estamos emitiendo a la atmósfera 51.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, mientras la temperatura sigue aumentando y los océanos, cada vez con más plástico y con menos peces, se contaminan de forma irremediable, pues cuando emitimos dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, un tercio de esas emisiones llegan al océano convertidas ácido carbónico.

Las emisiones de CO2 están acercando a nuestro planeta al punto de no retorno

El límite de nuestro planeta, es decir, el punto de no retorno, está cada vez más cerca. La comunidad científica lo sitúa en el instante que pasemos de las actuales 410 ppm de concentración de CO2 en la atmósfera a 450 ppm, o en términos más sencillos, al aumentar la temperatura media en 1,5ºC. La situación en estos momentos es similar a descender en coche por una carretera de montaña, de noche, sin luces y sin frenos. Es una certeza que en algún momento nos vamos a estrellar; la única duda es cuándo nos estrellaremos. Y en este escenario tan adverso, ¿a quién o a qué podemos recurrir? Definitivamente, a la Ciencia, por su capacidad para aportar la luz que necesitamos; y a la Tecnología, que podría actuar de freno, y revertir la tendencia actual.

La prioridad inmediata es reducir las emisiones de carbono a cero, y estabilizar la temperatura dejándola tan baja como podamos, pero el tiempo se agota, y la misión que tenemos es compleja y requiere de importantes compromisos y esfuerzos colectivos. Los países desarrollados están intentando implementar acciones como la electrificación de los vehículos, o la subvención de instalaciones de energías renovables, pero muchos países emergentes, como la India, no tienen capacidad económica para poner en marcha esas medidas de adaptación, y si nada lo remedia, seguirán incrementando la contaminación. Por lo tanto, los mayores esfuerzos tendrían que estar orientados a conseguir fuentes de energía no contaminantes, y lo suficientemente atractivas en coste, para que todos los países del mundo puedan implementarlas. Las fuentes renovables como la energía eólica y la solar pueden ayudarnos a descarbonizar la electricidad, pero por ahora tienen un bajo factor de conversión entre los recursos consumidos y la energía entregada, a pesar de que se está avanzando en ideas interesantes como los parques eólicos flotantes, con más horas de viento en el mar, y paneles solares que pueden capturar más espectro de luz. Otro proyecto que puede tener un gran recorrido es la producción de hidrógeno verde sin las emisiones del actual proceso, a través de la generación mediante electrólisis impulsada por electricidad procedente de energías renovables; y también las tecnologías de captura y aislamiento del carbono para las centrales eléctricas, como el caso de Islandia y su revolucionaria planta energética de Reikiavik, que tiene la capacidad de absorber CO2 de la atmósfera para inyectarlo a 1 km bajo la tierra, donde se transforma en roca, y se queda de esta forma para siempre.

La fusión y la fisión nuclear es el camino más rápido y claro del planeta hacia una huella de carbono negativa

Pero si hacemos un balance general de todas las alternativas, lo más acertado en estos momentos, a mi juicio, es la fusión y la fisión nuclear, por tratarse del camino más rápido y claro del planeta hacia una huella de carbono negativa, ya que no emiten dióxido de carbono, generan más electricidad que otras energías, y además garantizan un suministro continuo. La fusión nuclear, la idea “más prometedora para la humanidad” según el profesor Stephen Hawking, es el proceso que sucede de forma natural en nuestro Sol. Los átomos de hidrogeno, sometidos a una altísima temperatura y presión, chocan entre sí y se rompen sus enlaces atómicos, para posteriormente unirse y formar un elemento más pesado, el helio; y esta fusión genera enormes cantidades de calor y luz. Pero a pesar de la esperanza que esta tecnología supone, nadie hasta la fecha ha logrado obtener más energía de un experimento de fusión de la que se emplea en el propio experimento. Para avanzar en esta tecnología, se ha creado una alianza internacional llamada ITER, en la que están involucrados 35 países, y que actualmente tiene en construcción un gran reactor de prueba en el sur de Francia. Pero la enorme dificultad y los elevadísimos costes que implican este proyecto, hacen que esta tecnología no pueda ser alcanzable a corto plazo. Por eso quizás lo más interesante en estos momentos, dada la urgente necesidad que tenemos, consistiría en rediseñar los procesos de fisión nuclear actuales. Esta tecnología tradicionalmente ha generado cierto recelo por sus problemas de seguridad y generación de residuos radiactivos, pero actualmente existe un proyecto esperanzador en China que podría solucionar estos inconvenientes, un nuevo reactor que emplea sal fundida de fluoruro en combinación con torio, un elemento químico que es cuatro veces más abundante en el planeta que el uranio, y más seguro.

No hay ninguna duda: el cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestra época. Las medidas que tomemos ahora, definirán el futuro al que se enfrentarán las próximas generaciones. Y, a pesar de todo, este futuro no está escrito, está (todavía) en nuestras manos, y la tecnología nos puede ayudar a conseguirlo.

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