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¿Puede ser el vecino tu torturador?

¿Puede ser el vecino tu Torturador

¿Es todo ser humano un asesino en ponencia? Estoy leyendo “Cafés con el diablo”, el último libro del periodista Vicente Romero, en el que describe algunos “abismos del mal” entre los que ha transcurrido y transcurre nuestra existencia. Aprovechando sus continuos viajes por países en conflicto en los que se han cometido los más grandes atropellos, Romero entrevista a algunos de los peores administradores del mal, criminales, genocidas, torturadores... en el Cono Sur americano, Vietnam, entre los Jemeres Rojos de Camboya... Lo peor de todo no es que existan, sino que al leer las características de cada uno de esos personajes tengamos la duda de que una parte de ellos eran gente normal.

El libro ya avisa antes de nada con una cita de Hannah Arendt: “Lo más grave en el caso de Eichmann (uno de los mayores organizadores del Holocausto) es que hubo hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron, y siguen siendo, terribles y terroríficamente normales”. Cierto. ¿Puede tu vecino, ese tipo con el que te cruzas en el ascensor y te saluda amablemente, ser tu torturador algún día en circunstancias extraordinarias? La experiencia parece asegurar que es posible. Todo ser humano es un asesino en potencia, capaz de cometer una atrocidad. Por noble que sea una persona, cualquiera puede sucumbir al salvajismo, en función de los factores personales y de las circunstancias, asegura el criminólogo Nicolás Toledo. Las historias que narra en su libro sobre los abismos del mal Vicente Romero, al entrevistar a torturadores ya caído el sistema que los protegía, confirman esta posibilidad. A Prak Khan, por ejemplo, que en Phnom Penh había sido uno de los torturadores más feroces, lo encontró en su modesta casa de campesino en el agro camboyano, donde vive en paz con su esposa y cinco hijos. Esta situación se repite entre otros asesinos a muchos kms. de distancia, lo que nos lleva a pensar que en situaciones extremas, podemos pisotear a otros para sobrevivir, de modo que no haya patología alguna, sino un instinto primario, el de la supervivencia.

En Alemania tenemos un ejemplo de cómo de la sociedad más culta de Europa entonces pueden manar incontables torturadores y asesinos. ¿Y en la España de la guerra civil? ¿Pueden ideas diferentes convertir a vecinos e incluso familias en víctimas y victimarios? Puede, claro que puede, y tal cosa ocurrió. Dice la psicología que el miedo lo condiciona todo y, cuando la supervivencia está en juego, los factores más personales influyen en nuestro comportamiento y que como animales sociales, la presión de grupo puede determinar nuestro comportamiento.

Es horrible comprobar que, como dice Romero, junto arrogantes centuriones, despiadados dirigentes políticos y altos funcionarios convencidos de cumplir una misión histórica, aparezcan siempre sicarios obedientes, subalternos amedrentados y soldados o policías disciplinados. Pienso yo que hay matices, que el hombre de bien y principios evitará en mayor medida estas responsabilidades criminales. Aunque, en situaciones extremas, los que sobreviven mejor son los que dan codazos o pisotean a otros para coger el pan que te echan desde los camiones.

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