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El sexo en las artes

Desde el Paleolítico hasta Internet

Escultura románica de nítido carácter pornográfico. |

El sexo en las artes

El sexo en las artes

Ciertamente, el sexo ha estado presente en la cultura de todas las civilizaciones. Por eso no extraña el título de un libro, “El sexo es cultura” (Deusto), que reúne artículos publicados en la revista “Jot Down” dedicados al tema. Hay aquí recorridos históricos por el arte, desde el paleolítico hasta internet (extraordinario el dedicado a las escenas eróticas del románico, en especial a las de la iglesia de San Pedro en Cevatos) pasando por la pintura del Renacimiento, que encontró en la mitología la excusa ideal para pintar desnudos. También hay incursiones en la literatura erótica, citas de los penitenciales (libros que ayudaban a los sacerdotes a adecuar la penitencia a la gravedad del pecado sexual cometido) y los sonetos de “Los modos” (dedicados por Aretino a las 16 posturas íntimas), a los “Cuentos de Canterbury”, los poemas eróticos de Góngora y Quevedo, “La lozana andaluza” de Francisco Delicado, el “Jardín de Venus” de Samaniego o el Kama Sutra. Todos ellos influyeron en la liberación de las costumbres y prepararon la revolución sexual del siglo XX. Se tratan también temas de interés y no muy conocidos, como el de las relaciones homosexuales en el ejército de la Grecia clásica, los efectos de la prohibición de las bacanales en la antigua Roma, la vida sexual en la Unión Soviética o los vericuetos de la prostitución en Japón.

A partir de la aparición del cine, este medio se convirtió en la referencia dominante del erotismo en la cultura visual. En el primer tercio del siglo XX eran frecuentes las películas de Hollywood con escenas eróticas, una costumbre interrumpida por el Código Hays que impusieron la Iglesia católica y los sectores más conservadores de Norteamérica. A partir de entonces, asegura aquí Miguel López Neyra, “La relación entre el cine de Hollywood y el erotismo es la historia del empeño de las autoridades norteamericanas por minimizar la carga sexual del cine comercial, del deseo del público por ver a sus estrellas favoritas lo más expuestas posible y el interés de las productoras por encontrar maneras de explotar ese deseo sin verse envueltas en problemas legales”. Fue la llegada del cine europeo, con propuestas más osadas, la que ayudó al cine americano a salir de la parálisis provocada por la censura, que terminó definitivamente con la llegada de internet y las redes sociales. El caso de “Garganta profunda”, que lanzó al estrellato a Linda Lovelace, es paradigmático de las tensas relaciones entre el sexo y la censura cinematográfica, según se recoge en otro de los artículos de este libro.

Al sexo y el erotismo en el cine también hay referencias en el artículo “Mujeres maduras, hombres jóvenes”, donde se rescatan películas que tratan de estas relaciones, como “El graduado”, “El lector”, “Harold y Maude”, “Irrational man” o “American gigoló”. Y consideraciones sobre la ausencia de imágenes integrales de desnudos masculinos (“Alergia al pene”). Las series de televisión han terminado añadiendo escenas de sexo en títulos como “Modern Family”, “Friends”, “Ellen” o “Mujeres desesperadas”, a pesar de las protestas de los sectores más conservadores y de la retirada de marcas publicitarias de estos espacios.

Pero además de las relaciones entre el sexo y las diversas manifestaciones culturales de la historia el libro recoge artículos sobre temas que siguen siendo tabú en las publicaciones de divulgación cultural, como los azotes en las relaciones sadomasoquistas (“El arte del azote”), los orgasmos ficticios, el bestialismo, el sexo anal o la obsesión por el tamaño de los senos.

El sexo es cultura

VV.AA

Deusto

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