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Morrazo

El adiós de una isleña de raza

Victoria López en su casa de Ons junto a un cartel reivindicativo en el año 2019. | // FDV

La Illa de Ons está de luto. Victoria López, histórica habitante del archipiélago y una de las escasas residentes durante todo el año falleció en la noche del viernes a los 77 años de edad y tras una larga enfermedad. Victoria, junto a su inseparable marido Cesáreo Pérez, era uno de esos ejemplos de un modo de vida en extinción, renegando de una tierra firme de la que solo echaba de menos a su familia. Hoy recibirá el último adiós a las 17.30 en la iglesia de Bueu.

Victoria López, una de las últimas habitantes permanentes de Ons, fallece a los 77 años

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Cocinera, marinera, agricultora, siempre trabajadora, pero, por encima de todo, isleña. Y es que pocos adjetivos podrían encajarle mejor a una mujer que hizo su vida en Ons pero que también hizo de Ons su vida. Victoria López se ha ido pero su huella permanece en una isla de la que solo se separó en contadas ocasiones, y siempre por razones muy poderosas.

Victoria López, con familiares tras el homenaje de 2018. | // ALBA SOTELO

Y es que ella, junto a su marido Cesáreo Pérez, formaba parte de ese exiguo grupo de irreductibles que se negaron a abandonar la isla, su isla, para entregarse a las comodidades más mundanas que ofrecía la tierra firme. Mientras otros sucumbieron a la tentación de un Bueu más urbano, ellos seguían disfrutando de una vida de tiempos pretéritos, con una economía de subsistencia y con la paz y el sosiego de un archipiélago tan hermoso como áspero en ocasiones. Tan solo la familia, su otra gran pasión, conseguía alejarla de Ons en las Navidades. Entonces tomaba el barco para poder estar con hijos, nietos y bisnietos. Pero si se podía, incluso las celebraciones se trasladaban a la isla, como ocurrió con la comunión de uno de sus bisnietos.

"Bueu para ella no tenía ningún sentido. Su casa era la isla y solo salió de allí cuando enfermó", señala María José Pérez

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“Bueu para ella no tenía ningún sentido. Su casa era la isla y solo salió de allí cuando enfermó”, afirma María José Pérez, presidenta de la Asociación de Veciños e Amigos da Illa de Ons. Ni siquiera salió de la isla para trabajar. Lo hizo durante muchos años como responsable del comedor en los campamentos juveniles que se desarrollaban los veranos en Pereiró, y también estuvo otros seis como cocinera en uno de los restaurantes de la isla, Casa Acuña. Allí la recuerdan como una mujer “muy buena y trabajadora”.

Victoria López y Cesáreo Pérez, en su casa de Ons durante el confinamiento del año pasado. Parque Nacional Illas Atlánticas

Antes y después de su jubilación también ejercía como marinera cuando iba a al mar en la dorna con su marido, que había trabajado anteriormente en un barco de bajura. “También era una gran pescadora”, señalan quienes la conocían. Sobre todo, destacaban su fortaleza, ese carácter recio forjado por los temporales que azotan a Ons y por la dureza intrínseca del archipiélago. “Era una mujer de gran fuerza, decían que tenía la fuerza de un hombre”, añaden.

El confinamiento del año pasado por la pandemia del Covid-19 la cogió en la isla. Para ella nada había cambiado, más allá de la lógica preocupación por cómo podían estar sus seres queridos en tierra firme. Con su huerta, sus gallinas y lo que le podía traer de Bueu el personal del Parque Nacional era feliz. “Hay que hacer como las hormigas, guardar en el verano para tener en el invierno”, decía entonces Cesáreo Pérez, resumiendo la filosofía de ambos. Ambos recibieron un merecido homenaje en las Freguifestas de 2018. Su impronta quedará para siempre en la isla.

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