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Luis Carlos de la Peña

El ¿disputado? voto del señor Rego

Me perdonará Miguel Delibes, allá en los altos cielos de Castilla, por el abuso del título de su libro (1978) sobre el voto del señor Cayo, aquel arquetipo de la España rural. Eran las primeras elecciones democráticas tras la dictadura y los partidos políticos competían –“disputaban”– entre ellos por los votos aún en las aldeas más remotas y despobladas.

El señor Rego, Néstor Rego, es el único diputado nacionalista (BNG) entre los 23 representantes que Galicia envía al Congreso. Al Bloque en Madrid le concedemos de suyo la oportunidad de sorprendernos con una actitud menos cautiva de los intereses globales de los partidos estatales y, en esa medida, en mejor posición para enfocarse en las demandas propias de Galicia. En esta ocasión, por añadidura, el debate sobre los presupuestos del Estado se producía en plena eclosión de los movimientos en la España despoblada y envejecida y pocas semanas después de la Asamblea Nacional del BNG, donde los nacionalistas aprovecharon para anunciar la voluntad de ampliar su base social aplicándose dosis crecientes de pragmatismo. En definitiva, el Bloque tenía una oportunidad para hablar con hechos. La abstención ha aguado la expectativa abierta.

"Abstenerse en política es siempre una declaración de falta de interés en la propia representación"

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Abstenerse en política es siempre una declaración de falta de interés en la propia representación. No sería porque el PSOE y UP se negaran a acrecentar sus apoyos. Se trata más bien de practicar la oportunidad y la habilidad. Así, por ejemplo, Bildu se coló por delante del PNV para acordar determinadas cuestiones para el País Vasco y la ERC de Rufián capitalizó para sí lo que todos los nacionalistas –y no solo ellos– de Cataluña, Euskadi y también Galicia pedían: la cuota de los idiomas cooficiales en las plataformas digitales. Teruel Existe muestra mejor cintura que el BNG.

El voto del señor Rego no fue disputado por nadie y, de resultas, podemos conceder que el voto “no cautivo” de Galicia no ha servido para añadir los matices propios que el país necesita incorporar en “el año de la recuperación”. A diferencia del sabio señor Cayo que enseñó a los entusiastas militantes demócratas la banalidad de determinados sueños y la necesidad de trabajar sobre la realidad concreta, el diputado Rego ha obviado su trabajo de laboriosa hormiga en favor de Galicia para echarse al monte de las cigarras.

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