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Ceferino de Blas.

Opinión

Ceferino de Blas

“Platero” vuelve a A Toxa

Emilia Pardo Bazán fue una enamorada de los manantiales medicinales desde que en 1880 le detectaron una afección hepática y los médicos la enviaron a tomar las aguas a Vichy, considerado el mejor y más suntuoso de los balnearios del mundo.

No dejó de acudir a balnearios en toda su vida, pero no probará los gallegos hasta 1887, cuando llega al de Mondariz y se entusiasma tanto que repetirá cada temporada con su familia hasta 1920, pocos meses antes de su muerte.

El balneario de A Toxa, propiedad de su amigo el marqués de Riestra, comenzó a frecuentarlo cuando cambia el siglo y acudía tras su estancia anual en Mondariz. Fue una de sus agüistas más ilustres.

Pero no se ha extinguido su influencia, porque ahora vuelve a ponerlo de actualidad por su relato del asno al que atribuye el descubrimiento de las propiedades salutíferas de las aguas de A Toxa.

Se va a instalar en O Grove una escultura que recuerde a aquel homólogo gallego del “Platero” andaluz de Juan Ramón Jiménez.

Lo cuenta la condesa en su sección de ‘La vida contemporánea’ que publicó en 1899 en “La Ilustración Artística”, revista en la que escribió durante décadas unas crónicas deliciosas, alguna de ellas dedicada a Vigo.

En una refiere la leyenda del asno, hermano de “Platero”, que Juan Ramón embelleció hasta el punto de encariñar a la gente con este equino que hasta entonces formaba parte de la zoología poco apreciada. Muchos han aprendido de memoria las frases con que el Nobel arranca su libro:

“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro”.

Aunque la referencia de la condesa nada tiene que ver con la efusividad poética que desprende el asno de Juan Ramón, sino con su aportación al hallazgo de las aguas termales.

Entusiasta del balneario de A Toxa, supo de la leyenda originaria del poder sanador de sus aguas, gracias a un asno, y lo relata. En un rasgo de humor lo compara al descubrimiento del nuevo mundo por Colón, del que años más tarde defiende su origen gallego, y llega a ser presidenta honoraria de la asociación que promueve esa teoría. Lo cuenta así:

“El Colón de este nuevo mundo de salud fue un borrico. Un verdadero borrico, cuadrúpedo, cubierto de mataduras y de tiña, al que abandonaron, por no descoyuntarlo, en la isla desierta. Y al cabo de algunos meses cuál sería la sorpresa del dueño al encontrar, en vez de un esqueleto, un burro sano, saltando, con el pelo tan reluciente que envidiaría la cabalgadura de Sancho Panza. El animal se había revolcado en las saludables lamas. Sus heridas desaparecieron”.

"Entusiasta del balneario, Pardo Bazán supo de la leyenda originaria del poder sanador de sus aguas, gracias a un asno, y lo relata"

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El compromiso de recordar la leyenda con una estatua lo formuló la presidenta de la Diputación, Carmela Silva, hace quince días, ante el público que asistía a la mesa redonda sobre Pardo Bazán, en O Grove.

Se habló de ella como pionera del turismo termal en el País de las Rías. Pero también del no termal, ya que como diría Silvia Cernadas, promocionó el castillo de Soutomaior, propiedad de su amiga María Vinyals, y los grandes pazos pontevedreses, sobre los que escribió con fundamento y elegancia.

La propuesta de erigir la estatua la expuso el investigador grovense Francisco Meis durante su exposición sobre la presencia de la escritora en A Toxa, y siempre al quite de lo que puede interesar a la provincia, obtuvo el placet de la presidenta de la Diputación, Carmela Silva, como un atractivo turístico para la zona.

Francisco Meis incluso llegó a sugerir quién era el propietario del asno, mostrando la imagen de una mansión de la que posiblemente salió hacia la isla. Ahora habrá que corroborarlo, y si es posible documentarlo para que cuando se instale la estatua vaya acompañada de unos folletos explicativos que den respuesta a cuantas preguntas se formulen sobre el asno y la condesa. Y para amansar la imagen del cuadrúpedo, describirlo como Juan Ramón hacía con su “Platero (y yo)”: “pequeño, peludo, suave”.

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